REENCONTRARTE
Hay momentos en los que no sabes quién eres.
Ni qué te gusta.
Ni por qué te cuesta tanto mirarte con cariño.
Te pierdes sin ruido, intentando gustar, intentando encajar,
intentando no decepcionar a nadie…
aunque eso signifique decepcionarte a ti.
Y lo peor no es perderte,
es acostumbrarte a no estar.
Hasta que un día te miras y no te reconoces.
Y ahí, justo ahí,
comienza el verdadero camino de vuelta.
Vuelves a ti con miedo,
con torpeza,
pero vuelves.
Aprendes que no eras difícil,
solo estabas rodeada de personas que no sabían entenderte.
Aprendes que no eras fría,
solo te cansaste de dar calor donde nadie se quedaba.
Aprendes que no eras demasiado,
solo eras intensa en un mundo acostumbrado a lo superficial.
Y entonces pasa algo mágico:
te reconcilias contigo.
Te abrazas sin pedir perdón.
Te hablas sin reproches.
Te eliges sin condiciones.
Y entiendes que el verdadero reencuentro
no es con quien se fue,
sino con quien siempre estuvo dentro esperando a que volvieras.

